Formación en Psicoanálisis
En el Círculo Psicoanalítico Mexicano sabemos la complejidad que representa la asunción del lugar de la persona analista y de las dificultades que implica sostenerse en él. De ahí que la tarea de formar analistas sea entendida desde la misma complejidad y sea vista como un trabajo de reflexión continua, profunda y permanente.
Promovemos una formación que dote a cada aspirante no sólo de los conocimientos teóricos -metapsicológicos- y las habilidades técnicas necesarias para ello, sino también de la posibilidad de advertir los deseos que lo habitan -análisis propio- y cómo llegan a ponerse en juego en los procesos analíticos que lleva con sus pacientes -supervisión clínica-, dentro y fuera de la Red Clínica. La articulación de estos tres ejes fundamentales, enseñanza teórica, supervisión de casos clínicos y análisis personal, define el modelo de enseñanza o propuesta de formación denominado el trípode freudiano (dominio teórico – supervisión – análisis propio); estos componentes, soportan y sostienen el proceso de formación de quien asume la responsabilidad de devenir psicoanalista.
La columna vertebral del proceso de formación es el análisis del analista, de tal modo que no hay psicoanalista exento de haber sido, previamente, analizante. Ahí el sujeto se juega en toda su dimensión y requiere de todo el tiempo necesario para dar cuenta del conjunto de deseos, resistencias, inhibiciones, síntomas y angustias que se elaboran. Puesto que el análisis personal es un espacio esencial del proceso de formación, nuestra propuesta pretende eximirse de contaminaciones transferenciales al interior de la formación, minimizando las injerencias de la institución en el mismo. De igual modo, se busca reducir la intromisión del analista en otras áreas del proceso que no sean las de su análisis.
La lectura y el estudio crítico de los textos freudianos es la columna vertebral de nuestra propuesta de formación. Leemos de manera minuciosa y detallada, entendiendo las características del objeto al que se refiere cada texto, la estructura epistemológica que les es inherente y la lógica del contexto en el que fueron producidos. Su estudio pormenorizado implica necesariamente la crítica que permita enriquecer el texto y transformarlo. La tensión ejercida entre los conceptos psicoanalíticos y la clínica particular del analista es fundamental y resulta productiva y promotora de innovaciones en el campo psicoanalítico. Partimos de que el psicoanálisis es un trabajo inacabado que se recrea en la singularidad de cada caso y, gracias a ello, resulta rico en descubrimientos y de la formulación permanente de nuevas preguntas.
El estudio del psicoanálisis posterior a Freud se promueve de igual modo, bajo las mismas características y posturas críticas. Así, en el Círculo Psicoanalítico Mexicano revisamos las propuestas de M. Klein y J. Lacan entre otros autores, quienes ampliaron el campo de acción del psicoanálisis, abriendo sus fronteras e incluyendo perspectivas teóricas y aspectos clínicos poco abordados anteriormente. A partir de esta apertura, hemos buscado renovar el ser y hacer del Círculo Psicoanalítico Mexicano, incorporando conceptos indispensables en el trabajo actual del psicoanálisis y los hemos incluido para entender y atender las demandas contemporáneas que la sociedad exige a nuestro campo de estudio e intervención.
Cada seminario es un espacio donde se comparten preguntas, intenciones, lecturas diferentes y experiencias. No es una clase donde uno es el maestro que sabe y enseña y, el otro, el alumnado que no sabe sino que solo aprende. A través de los seminarios de formación y del IFAS, procuramos fomentar un lugar de transmisión particular, un precipitado de transferencias, estilos y peculiaridades de sus participantes. Constituye una experiencia única, un acto singular de producción grupal.
La formación teórica en psicoanálisis es permanente. Además, requiere de una temporalidad propia y singular que debe ser respetada. De igual modo, el acceso al trabajo en la clínica es una decisión personal que depende de un tiempo individual más que de uno institucional. Y, ni qué más decir con respecto al proceso del análisis personal, que se desenvuelve bajo sus propios ritmos. Por ello, no primamos el ofrecimiento de grados académicos ni de certificaciones de algún otro tipo, esto implicaría la intromisión de lineamientos de otros órdenes en los procesos particulares de transmisión del psicoanálisis y el aumento de las dificultades de integración de los mismos.

